la luna barniza todo el paisaje
con sus óleos de matices oníricos:
ya no alcanzo a distinguir si sueño que estoy despierto
o imagino que estoy dormido.
El bosque ruge desde el corazón del monte:
alguien golpea,
y se abren y se cierran todas sus puertas.
El viento hace poner nervioso al lago
que no deja de golpear las piedras de la orilla con sus olas,
ruidosa y rítmicamente.
Unas nubes pobretonas sueñan que pueden nublar la luna
pero solo alcanzan a dejar una manchita de aceite sobre el lago:
cuando sea grande voy a tapar el sol, piensan, y se dispersan
en el azul de la noche
bajo una cúpula llena de pinchazos a modo de estrellas,
testigos lejanas de todo este sueño.
Hore.
Villa Traful
Enero de 2010
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