junté mis manos, hice fuerza, grité por dentro,
contuve el aliento un instante,
detuve el tiempo casi sin querer.
Antes que el cielo se caiga a pedazos
pude abrir los ojos un segundo:
arrojé mi piel al fuego y di la media vuelta,
me detuve a mitad de un paso,
lloré...
Dejé la mitad de mi ser a un lado
y salí corriendo con la otra mitad;
me puse de pié cuando quise ser hombre
y atravesé temblando mi oscuridad interior.
Antes que el cielo se caiga a pedazos
arrojé el paraguas, la brújula, el sombrero,
pues entendí que nada podia salvarme ya.
Antes que el cielo se caiga (a pedazos!)
una paloma negra pasó volando
y aullaron los lobos que guardan el horizonte.
Hore.
Villa Traful,
Enero de 2010.
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