jueves, 22 de julio de 2010

Frío

Frío, frío, frío...
Se congela el agua de mis cañerías
y al respirar
libero una nubecita por la boca
(¿tan lejos estoy de encontrar lo que busco?).

La manteca trata de derretirse,
la veo haciendo su mayor esfuerzo inútilmente,
y después me mira como pidiéndome por favor que la vuelva a meter en la heladera.
La estufa ya no quiere saber nada
pero sigue soplando y soplando gas detrás de la llama, sin tregua,
acumulando horas extra que nunca voy a poder pagarle (si lo supiera!).
Las ventanas son una amenaza que el día pone sobre las paredes
para que sepamos lo que nos espera allá afuera si se nos ocurre salir.
Los objetos metálicos se han vuelto ariscos a nuestras caricias:
picaportes, canillas y llaves rechazan epidérmicamente la mano.
El inodoro casi no se deja montar y te clava mil agujas en el culo.
El piso, si andamos descalzos, es como la arena de la playa:
nos obliga a andar a las corridas y en puntas de pié,
buscando zonas neutras (una sombra, una alfombra, un par de medias tirado)
para volver a tomar impulso en la travesía al mar, al baño, la cocina.

Y la única propuesta interesante que recibo esta tarde es la de mi cama,
llamándome desde el corazón de la almohada,
pidiéndome que vuelva,
que está frío...

frío, frío, frío...
¿tan lejos estaré de encontrar lo que busco?

Hore
16-07-10

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