miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mar Seco

La locura no cesa
y atravieso un paisaje de yeso
a bordo de un huracán.

La locura no cesa
y el tiempo se va quedando estancado
en una caja a mi lado.

No cesa.
Y cada vez que miro mis manos
descubro un nuevo paisaje,
y los paisajes se van poblando
de gente, de sombras y de cajas.

La locura no cesa
y se nota,
comienza a hacerse evidente:

La gente se va amontonando
a colocar allí sus miradas curiosas,
sus miradas de asombro,
sus miradas repulsivas,
e incluso (desde cierta distancia)
sus miradas de miedo.

La locura no cesa,
pero nadie nota que lloro en silencio,
salpicando el mundo a mi paso
con lágrimas transparentes.

El delirio crece;
y veo palomas muertas cayendo a mi lado,
abandonando de súbito su vuelo de paz
y devoradas por delicadas rosas
que las atrapan antes de tocar el suelo.

El delirio aumenta
y escucho el llanto de un niño eterno
en mi interior.

Nadie sabe que escribo;
nadie sabe que me pierdo entre líneas
buscando palabras que amorticen el paso de las horas,
agujas,
que remienden las telas rasgadas del alma.

La locura no cesa
y me zambullo, así, en un mar de papel;
papeles grises, negros y blancos:
suaves por un lado,
filosos por otro;
y casi nadie sabe.

Nadie sabe que paso largas horas
dando suspiros
que se pierden en el tiempo,
desvaneciéndose en un eco de nostalgia
absurda e infinita…
                   …que nunca cesa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario