No dejes ni un segundo de jugar mi juego;
no dejes ni un segundo de mirarte en mi espejo;
quizá para cuando alcances a verte
ya te habré robado todo lo que tenias.
No dejes ni un segundo de mirarme,
de tocar mi mano,
de sentir mi piel;
tal vez de confundas tanto conmigo
que llegues a dejarme copia de todas tus llaves,
abrirme todas tus puertas,
creyendo que eres tú el que pasa.
No dejes ni un segundo de respirar de mis aires,
beber de mis aguas, rezar de mi fe;
quizá para cuando llegue al fin tu muerte,
ya me habré asegurado un rinconcito de tu testamento.
HORE
Julio de 2010
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEs hermoso, debe ser que me guastaria ganarme el rinconcito de algún testamento:)....
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